lunes, 17 de febrero de 2014

No la conozco
pero, hasta ahora,
las mujeres del mundo la han sobrevivido.
Sería por estoicismo
o porque nadie les concediera entonces
el derecho a quejarse
que nuestras abuelas
llegaron a la vejez
mustias de cuerpo
pero fuertes de alma.
En cambio ahora
se escriben tratados
y, desde los treinta,
empieza el sufrimiento,
el presentimiento de la catástrofe.

El cuerpo es mucho más que las hormonas.
menopáusica o no,
una mujer sigue siendo una mujer;
mucho más que una fábrica de humores
o de óvulos.
Perder la regla no es perder la medida,
ni las facultades;
no es meterse cual caracol
en una concha
y echarse a morir.
Si hay depresión,
no será nada nuevo;
cada sangre menstrual ha traído lágrimas
y su dosis irracional de rabia.
No hay pues ninguna razón
para sentirse devaluada.
Tirá los tampones,
las toallas sanitarias.
Hacé una hoguera con ellas en el patio de tu casa.
Desnudate.
Baila la danza ritual de la madurez.
Y sobreviví
como sobreviviremos todas.

Menopausia - Poemas de Gioconda Belli

jueves, 13 de febrero de 2014

No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe...

No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.

No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.

No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.

No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa..."

Martha Rivera Garrido, poeta dominicana.

martes, 11 de febrero de 2014

Consejos para el Novio

1) No cedas ante una lagrima una lagrima ,porque luego tendrás que ceder ante una orden .
2) No acostumbres a tu novia a los regalos . que te quiera , y no por interés .
3)Discute con ella sin acalorarte ,porque si te exaltas y dices una palabra fuera de lugar , después tendrás que pedir disculpas .
4) No beses a tu novia . Todo lo mas en la mano .Que sepa ella que concedes importancia a eso , que puede ser el principio de tu debilidad . 
5) No vayas a menudo a ver a tu novia .Un hartazgo de visitas puede traer como consecuencia un aburrimiento .Y cuando este empieza , comienzan a surgir los defectos .
6) No prometas ser un marido ideal .Ningún hombre es capaz de serlo , y si faltas a tu promesa pasaras por mal caballero .
7) No pienses que el teléfono de la casa de tu novia es de uso exclusivo tuyo, y no entables largas charlas telefónicas .Estas son las mas mentidas , porque no se ve la expresión de los rostros .
8) No comprometas a tu novia delante de la gente con manifestaciones afectuosas .La malicia y la sospecha van muy lejos , y no podrás detenerlas aunque quieras , porque el final de su viaje es la calumnia .
9) Enseña a tu novia a ser tu futura esposa , a desligarse un poco de las tonterías sentimentales y a considerar la prosa de la vida .
10) Permanece siempre el mismo , y si tomas una resolución , cumplela .La firmesa de carácter es una de las cosas que , aunque les moleste , mas admiran las mujeres .
         Estos "Diez consejos de Stevens para el novio " fueron publicados por una revista argentina , de enorme circulación en el publico femenino en marzo de 1946 , en una sección destinada a brindar consejo a las mujeres .
Revista Nuestro Siglo Historia Gráfica de la Argentina Contemporánea n 4 Ed Hispanoamerica pag 60

miércoles, 5 de febrero de 2014

Sharon Olds - Poema para las tetas

Como otras hermanas gemelas, ellas pueden ser
mejor identificadas en la adultez.
Una es rápida para arrugar el ceño,
su cerebro, su veloz inteligencia. La otra
sueña dentro de una constelación,
pecas de Orión. Nacieron cuando yo tenía trece,
Crecieron, salieron de mi pecho,
ahora tienen cuarenta, son sabias, generosas.
Estoy dentro de ellas – de alguna manera debajo de ellas,
o las llevo, tanto tiempo estuve viva sin ellas.
No puedo decir que soy ellas, aunque sus sentimientos sean casi
mis sentimientos, como con alguien que uno ama. Parecen,
para mí, como un regalo que tengo que dar.
Que los hombres debían alabar su categoría de
ser, casi que pasaran hambre por ellas,
no se me escapaba, ni que algunos jóvenes
las amaban de la manera en que uno querría ser amado.
Todo el año  estuvieron llamando a mi marido que se fue,
cantándole, como un par de sirenas
empapadas en las escolleras.
No pueden creer que las haya abandonado, no está en su
vocabulario, ellas, que fueron hechas
de promesa – ellas que son como juramentos literales mantenidos.
A veces, ahora, las tomo un momento,
una en cada mano, viudas gemelas,
pesa su tristeza. Ellas fueron un regalo que me dieron,
y después fueron nuestras, como lactantes sedientos
de excitación y plenitud. Y ahora es la misma
estación otra vez  la mismísima semana
que él se fue. ¿No les susurró
“Espérenme acá un año”? No.
Dijo, “Dios las bendiga, Dios
las bendiga, A-diós, para el resto
de su vida y la para la larga nada. Y ellas no
conocen el lenguaje, lo están esperando, mi
Dios que son bobas, ni siquiera
saben que son mortales – son dulces, supongo,
es refrescante vivir con ellas, seres sin
el conocimiento de la muerte, criaturas de un sufrimiento ignorante.





Versión de Tom Maver
de su último libro, Stag's Leap (2012)


viernes, 9 de agosto de 2013

"Versos de Amor y de Locura" Delfina Acosta





 MADRE

Entre las sábanas enfermas, madre,
te duermes sin saber de mi vigilia.
Escúchame callar en esta hora
de muerte, de silencio y de agonía.
Cuán sana fluye la existencia afuera
con su rumor de rosas encendidas.

Tenía pocas cosas que decirte,
y aquí me tienes vuelta piedra herida.

¿Por qué tuviste la terrible culpa
de haberme dado leche de desdichas?
Recuerdo mi terror a los relámpagos.
Qué eternas esas noches se me hacían.
Caían Dios y rayos pero tú,
tardando, en mi rincón aparecías.
Mi madre loba que te vas muriendo,
he aquí, gimiendo, a tu pequeña cría.